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“Cada vez que interactúas sensitivamente, intuitivamente con algo nuevo, en la improvisación musical por ejemplo, como reacción, se establecen nuevas conexiones sinápticas en tu cerebro. Una hora de concentración en esa tarea literalmente duplica el número de conexiones en tu cerebro. Produce tal evidencia física como resultado de tu interacción en el entorno.

Esa experiencia desencadena una elaboración de sentido y comienza a aplicarla, personalizarla, demostrarla, como consecuencia de iniciarse en ese descubrimiento.

Si haces esto insistentemente, puedes lograr que tus comportamientos coincidan en gran medida con tus intenciones. puedes hacer que tus acciones te descubran la naturaleza de tus deseos.
Si puedes hacer que tu cuerpo los exprese, en medio de esa experiencia, tus cinco sentidos te conectan al
ambiente. Y a medida que toda esa interacción sensorial regresa a tu conciencia, comienzan a surgir junglas de neuronas. organizándose en patrones y redes. Entonces la experiencia enriquece esos circuitos.Y cuando esas neuronas comienzan a formar redes, se producen sentimientos o emociones en forma de cambios químicos.

En el momento en que te sientes ilimitado en tu libertad y confianza para crear esa experiencia, estás sintiendo la conciencia cuántica con todo tu ser no de forma racional, sino de forma vivencial. No es algo que tengas que comprender sino algo que puedes disfrutar. Cuando sientes la onda de posibilidad, estás cambiando la realidad, porque tu intención escoge transformar esa onda en una realidad que puedes percibir sensorialmente y hace colapsar esa posibilidad oscilante en una vivencia.

Ahora le estás enseñando a tu cuerpo químicamente a manifestar lo que sientes intimamente que quieres convertir en realidad tangible, en experiencia corporal.

La energía emocional, La firma de esa experiencia traducida en reacciones químicas comienza a cambiar tu cuerpo de alguna manera. Si has podido crear esa experiencia una vez, deberías poder recrearla de nuevo e incluso transformarla, mejorarla, completarla, enriquecerla. Si eres capaz de recrear cualquier experiencia una y otra vez, tu conciencia y tu cuerpo comienzan a trabajar como uno solo porque has roto la barrera sensorial del lenguaje verbal racional.
Y si has hecho algo tantas veces que tu cuerpo ahora incluso se ha transformado físicamente para poder hacerlo de forma más efectiva obedeciendo esos deseos, ese deseo se ha manifestado físicamente, ya es una parte de tu naturaleza. Es fácil, es automático, es familiar. Comienza a convertirse en un programa subconsciente. Sientes que lo haces, pero no sabes cómo. Simplemente es parte de tí.
Y podríamos decir ahora que estás desarrollando una habilidad o un hábito.

El desarrollo progresivo de habilidades psicomotrices se produce con bastante lentitud en función de su complejidad. Se necesitan muchas repeticiones hasta que podamos, por ejemplo, tocar el piano a nuestro gusto, andar en bicicleta con seguridad o estacionar un auto marcha atrás. Pero sin duda el piano será lo que implique mucho mas tiempo de esas tres actividades. Aunque cuando experimentamos algo emocionante, eso deja una impronta.

La memoria a corto plazo se encuentra en el lóbulo frontal de nuestro cerebro, directamente detrás de nuestra frente. Su función consiste únicamente en ondas cerebrales o impulsos eléctricos entre células nerviosas, pero no se registra nada y, por tanto, no se crean recuerdos a largo plazo. Tan pronto como hemos manejado una nueva experiencia en nuestro cerebro frontal durante más de unos pocos segundos, corremos el peligro de perderla. Desaparecería para siempre, si no existiera una estructura cerebral muy especial que evolucionó para registrar permanentemente eventos importantes en nuestras vidas, ideas y experiencias espontáneas, si nuestro cerebro las considera dignas de mención. Este almacén de recuerdos autobiográficos viene en pares, tiene aproximadamente el tamaño de un pulgar y está ubicado en los dos lóbulos temporales de nuestro cerebro. estos almacenes de recuerdos a largo plazo se llaman hipocampos.

Aunque tenemos dos hipocampos, por simplicidad me referiré a ellos como el hipocampo. Junto con el cerebro olfativo, el hipocampo forma parte de la región más antigua de nuestra corteza cerebral en la historia evolutiva. El hipocampo representa sólo el 1 por ciento del volumen del cerebro humano, sin él seríamos completamente incapaces de recordar una experiencia de nuestras vidas durante más de unos pocos segundos.

Para proteger su propia capacidad finita, que normalmente se limita a las experiencias y pensamientos de un día, y para garantizar que se pueda almacenar y recordar información importante incluso al final de un largo día, el hipocampo debe tomar decisiones. No todo lo que experimentamos o pensamos se puede retener. El criterio de selección es la respuesta a la pregunta de cómo se sintió. En otras palabras, ¿lo que experimentamos o pensamos desencadenó una emoción y por lo tanto adquirió significado?

Las cosas que hacemos todos los días sin pensar en ellas, o todas las actividades estereotipadas, son ignoradas por la memoria del hipocampo. En otras palabras, el aburrimiento no es lo suyo. El recuerdo de la experiencia emocional diaria contiene la fórmula química de la emoción sentida. La respuesta a las preguntas ¿Qué experimenté? y ¿Cómo se sintió? Sin embargo, esta memoria está limitada a una carga diaria.

Nuestra conciencia puede acceder directamente a los recuerdos diarios almacenados en el hipocampo. Esto es esencial si queremos desarrollar aún más una experiencia almacenada allí (por ejemplo, considerando y sopesando alternativas). Sin embargo, la memoria a corto plazo situada en el lóbulo frontal, no sería capaz de realizar esa tarea comparativa compleja, porque sólo puede retener activamente toda la información en ondas cerebrales inestables durante unos segundos. Por lo tanto, la memoria a corto plazo, como función de nuestro cerebro frontal, y la memoria autobiográfica a largo plazo, como función de nuestro hipocampo, deben trabajar en estrecha colaboración si queremos ser creativos y desarrollar nuevas ideas.

Estamos conectados al continuo espacio­-tiempo de cuatro dimensiones a través de las neuronas de lugar y tiempo del hipocampo. Estas neuronas especiales almacenan todas nuestras experiencias y pensamientos episódicos como recuerdos autobiográficos anclados espaciotemporalmente.

Debido a que el hipocampo sólo está diseñado para manejar una carga diaria de eventos memorables, la mayoría de las personas no pueden almacenar más información por la noche, especialmente después de un día ajetreado. Para que estemos receptivos al día siguiente, el hipocampo debe trasladar la nueva información a un almacenamiento permanente. Podemos comparar el contenido de la memoria del hipocampo con los datos de una tarjeta de memoria.

Para estar listo para grabar nuevamente, la computadora transfiere los datos de la tarjeta de memoria desde el espacio de memoria limitado a un dispositivo de almacenamiento masivo interno. Un tipo similar de transferencia también tiene lugar en el hipocampo durante el sueño.

Nuestro cerebro transfiere las experiencias emocionalmente significativas recopiladas en nuestra limitada “tarjeta de memoria”, el hipocampo, al neocórtex. La neocorteza tiene una capacidad de almacenamiento de datos mucho mayor, por lo que sirve como una especie de medio de almacenamiento permanente, o “disco duro neocortical” El proceso de almacenar qué y cómo (es decir, el contenido emocional de experiencias notables) en el disco duro neocortical tiene lugar en las primeras fases del sueño profundo, llamadas sueño de ondas lentas (SWS, por sus siglas en inglés) debido a sus características ondas EEG lentas.

Revivir conscientemente nuestras experiencias pasadas es posible cuando el hipocampo almacena la información de acceso a todos los fragmentos de memoria neocorticales como un registro (también llamado índice). Para continuar en un lenguaje más tangible, me referiré a ellas como firmas índice neocorticales.

Esas firmas índice neocorticales son lo que estas páginas contienen de nuestra experiencia en el ámbito de la improvisación colectiva.

El hipocampo, por su parte, almacena estas firmas en las neuronas de lugar y tiempo asociadas con cada recuerdo autobiográfico, a las que me referiré colectivamente como neuronas índice.

Así podemos establecer una clara conexión entre esas neuronas índice y las grabaciones publicadas en estas páginas que son cápsulas de tiempo que nos devuelven a las sensaciones que se encuentran asociadas con un estado emocional vinculado a un momento en nuestro pasado.
Es imposible imaginar para cualquiera que no lo haya experimentado la calidad del recuerdo de una improvisación musical que hemos realizado cuando nos remontamos a un registro de hace diez años, quince años… Baste decir que la música que hemos tocado guarda en forma de ondas sonoras un registro emocional tan completo que se puede considerar un auténtico viaje. La cantidad de estímulos y de información almacenada es impresionante.
Pero ¿por qué nos parecen tan importantes esas neuronas índice almacenadas en estas páginas?

En nuestra memoria, Sin estas neuronas índice, nuestros fragmentos de memoria almacenados en el disco duro neocortical serían imposibles de encontrar o reconstruir.

Recordar es más fácil cuando recordamos cuándo y dónde sucedió o se pensó algo, activando así las neuronas de lugar y tiempo responsables de esa experiencia. Por eso nuestro archivo está convenientemente fechado, así como también se incluye información sobre asistentes e instrumentos que interpretan.

Cuando volvemos a visitar una resonancia mórfica las neuronas índice responsables de ese recuerdo se activan, lo que nos permite recuperar (reactivar y reconstruir) la experiencia almacenada en el disco duro neocortical.

En segundo lugar, la narrativa emocional, y por tanto la experiencia misma, se almacena nuevamente a través del hipocampo, duplicando en cierto sentido la memoria original. Esta es una de las razones por las que las resonancias mórficas muy antiguas que han sido visitadas muchas veces, a través de la escucha o la improvisación, pueden existir en muchas copias, que bien pueden variar a medida que la improvisación realizada repetidamente se convierte en sí misma en un nuevo campo morfogenético con infinidad de matices.

Las neuronas índice garantizan que podamos seguir accediendo y reconstruyendo estos recuerdos después del proceso de almacenamiento nocturno. El hipocampo tiene la capacidad única de producir miles de nuevas neuronas cada día, incluso en adultos, para garantizar que siempre tengamos un número suficiente de neuronas índice que codifican el lugar y el tiempo con las que formar nuevos recuerdos y distinguirlos de los anteriores.

Esta llamada neurogénesis del hipocampo adulto tiene lugar principalmente durante el sueño REM. Cada año se forman hasta el 1,5 por ciento de todas las neuronas del hipocampo. Sin embargo, sólo pueden sobrevivir si realmente codifican nuevas experiencias o si sus sinapsis se utilizan para formar parte de la red del hipocampo.

Este apetito por cosas nuevas es, en cierto modo, una expresión de su voluntad de sobrevivir y el correlato neuronal de la curiosidad humana natural. Las nuevas neuronas índice son la base de la curiosidad natural, el conocimiento autobiográfico, la individualidad y, en última instancia, la creatividad.

ENGLISH

Every time you interact sensitively, intuitively with something new, in musical improvisation for example, as a reaction, new synaptic connections are established in your brain. An hour of concentration on that task literally doubles the number of connections in your brain. Produce such physical evidence as a result of your interaction in the environment. That experience triggers an elaboration of meaning and begins to apply it, personalize it, demonstrate it, as a consequence of starting in that discovery.

If you do this insistently, you can make your behaviors largely match your intentions. you can make your actions reveal to you the nature of your desires.
If you can get your body to express them, in the midst of that experience, your five senses connect you to the
environment.
And as all that sensory interaction returns to your consciousness, jungles of neurons begin to emerge.
organizing into patterns and networks. Then the experience enriches those circuits.
And when those neurons begin to form networks, feelings or emotions are produced in the form of chemical changes.

The moment you feel unlimited in your freedom and confidence to create that experience, you are feeling quantum consciousness with your whole being not in a rational way, but in an experiential way. It’s not something you have to understand but something you can enjoy.

When you feel the wave of possibility, you are changing reality, because your intention chooses to transform that wave into a reality that you can perceive sensorially and collapses that oscillating possibility into an experience.

Now you are teaching your body chemically to manifest what you feel intimately that you want to turn into tangible reality, into bodily experience.

The emotional energy, the signature of that experience translated into chemical reactions begins to change your body in some way. If you have been able to create that experience once, you should be able to recreate it again and even transform it, improve it, complete it, enrich it.
If you are able to recreate any experience over and over again, your consciousness and your body begin to work as one because you have broken the sensory barrier of rational verbal language.
And if you have done something so many times that your body has now even physically transformed to be able to do it more effectively by obeying those desires, that desire has manifested itself physically, it is already a part of your nature.
It’s easy, it’s automatic, it’s familiar. It begins to become a subconscious program. You feel like you’re doing it, but you don’t know how. It’s just part of you. And we could say now that you are developing a skill or a habit.

The progressive development of psychomotor skills occurs quite slowly depending on its complexity. It takes many repetitions until we can, for example, play the piano to our liking, ride a bicycle safely or park a car in reverse. But undoubtedly the piano will be the one that involves much more time of those three activities. Although when we experience something exciting, it leaves an imprint.

Short-term memory is located in the frontal lobe of our brain, directly behind our forehead. Their function consists solely of brain waves or electrical impulses between nerve cells, but nothing is recorded and therefore no long-term memories are created. As soon as we have handled a new experience in our frontal brain for more than a few seconds, we are in danger of losing it.

It would disappear forever, if there were not a very special brain structure that evolved to permanently record important events in our lives, spontaneous ideas and experiences, if our brain considers them worthy of mention.

This store of autobiographical memories comes in pairs, is about the size of a thumb, and is located in the two temporal lobes of our brain. these stores of long-term memories are called hippocampi. Although we have two hippocampi, for simplicity I will refer to them as the hippocampus. Along with the olfactory brain, the hippocampus is part of the oldest region of our cerebral cortex in evolutionary history. The hippocampus represents only 1 percent of the volume of the human brain, without it we would be completely unable to remember an experience of our lives for more than a few seconds.

To protect its own finite capacity, which is usually limited to a day’s experiences and thoughts, and to ensure that important information can be stored and remembered even at the end of a long day, the hippocampus must make decisions. Not everything we experience or think can be retained. The selection criterion is the answer to the question of how you felt. In other words, did what we experienced or thought trigger an emotion and therefore acquired meaning?

The things we do every day without thinking about them, or all the stereotypical activities, are ignored by the hippocampal memory. In other words, boredom is not his thing. The memory of the daily emotional experience contains the chemical formula of the felt emotion. The answer to the questions What did I experience? and how did it feel? However, this memory is limited to a daily load.

Our consciousness can directly access the daily memories stored in the hippocampus. This is essential if we want to further develop an experience stored there (for example, considering and weighing alternatives). However, the short-term memory located in the frontal lobe would not be able to perform this complex comparative task, because it can only actively retain all the information in unstable brain waves for a few seconds.

Therefore, short-term memory, as a function of our frontal brain, and autobiographical long-term memory, as a function of our hippocampus, must work closely together if we want to be creative and develop new ideas. We are connected to the four-dimensional space-time continuum through the place and time neurons of the hippocampus. These special neurons store all our episodic experiences and thoughts as spatiotemporally anchored autobiographical memories.

Because the hippocampus is only designed to handle a daily load of memorable events, most people can’t store more information at night, especially after a busy day. In order for us to be receptive the next day, the hippocampus must move the new information to a permanent storage. We can compare the memory content of the hippocampus with the data on a memory card. To be ready to record again, the computer transfers the memory card data from the limited memory space to an internal mass storage device. A similar type of transfer also takes place in the hippocampus during sleep.

Our brain transfers the emotionally significant experiences collected on our limited “memory card,” the hippocampus, to the neocortex. The neocortex has a much larger data storage capacity, so it serves as a kind of permanent storage medium, or “neocortical hard drive”.The process of storing what and how (i.e. the emotional content of remarkable experiences) on the neocortical hard drive takes place in the early stages of deep sleep, called slow wave sleep (SWS) due to its characteristic slow EEG waves.

Consciously reliving our past experiences is possible when the hippocampus stores the access information to all the neocortical memory fragments as a record (also called an index). To continue in a more tangible language, I will refer to them as neocortical index signatures.

These signatures are a neocortical index of what these pages contain of our experience in the field of collective improvisation

The hippocampus, on the other hand, stores these signatures in the place and time neurons associated with each autobiographical memory, which I will collectively refer to as index neurons.

This way we can establish a clear connection between those index neurons and the recordings published on these pages that are time capsules that return us to the sensations that are associated with an emotional state linked to a moment in our past.
It is impossible to imagine for anyone who has not experienced it the quality of the memory of a musical improvisation that we have performed when we go back to a record of ten years ago, fifteen years ago… Suffice it to say that the music we have played keeps such a complete emotional record in the form of sound waves that it can be considered a real journey. The amount of stimuli and information stored is impressive.
But why do these index neurons stored on these pages seem so important to us?

In our memory, without these index neurons, our memory fragments stored on the neocortical hard drive would be impossible to find or reconstruct.

Remembering is easier when we remember when and where something happened or was thought, thus activating the place and time neurons responsible for that experience. That’s why our archive is conveniently dated, as well as information about assistants and instruments they perform is also included.

When we revisit a morphic resonance the index neurons responsible for that memory are activated, which allows us to recover (reactivate and reconstruct) the experience stored on the neocortical hard drive.

Secondly, the emotional narrative, and therefore the experience itself, is stored again through the hippocampus, duplicating in a sense the original memory. This is one of the reasons why very old morphic resonances that have been visited many times, through listening or improvisation, can exist in many copies, which may well vary as the improvisation performed repeatedly turns itself into a new morphogenetic field with infinite nuances.

The index neurons ensure that we can continue to access and reconstruct these memories after the overnight storage process. The hippocampus has the unique ability to produce thousands of new neurons every day, even in adults, to ensure that we always have a sufficient number of index neurons that encode the place and time with which to form new memories and distinguish them from previous ones.

This so-called neurogenesis of the adult hippocampus takes place mainly during REM sleep. Up to 1.5 percent of all neurons in the hippocampus are formed each year. However, they can only survive if they actually encode new experiences or if their synapses are used to become part of the hippocampal network.

This appetite for new things is, in a way, an expression of their will to survive and the neural correlate of natural human curiosity. The new index neurons are the basis of natural curiosity, autobiographical knowledge, individuality and, ultimately, creativity.

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